Cantidad-Cualidad: vicisitudes de una transformación
(Articulaciones psicoanalíticas y psiconeurobiológicas)*

Julio Moizeszowicz, Mirta Moizeszowicz
Actualidad Psicológica 2000, 275: 12-17

 


*Fragmentos del libro “El territorio freudiano y la psicofarmacología”, Editorial Paidós, Colección Psicología Profunda, Buenos Aires, año 2000.

EL PROYECTO FREUDIANO

El “Proyecto de psicología”(1) inaugura un intento de respuesta al enigma que Freud se plantea. Interrogación vinculada a esa misteriosa caja negra que es la mente humana, dentro de la cual se desarrolla la transformación de lo cuantitativo en un orden de cualidad. Cualidad que será conceptualizada en sus futuros desarrollos teóricos, ubicada en diferentes niveles tópicos y en determinadas circulaciones económicas.

Entre el “Proyecto” y “La interpretación de los sueños” (2) muere el padre de Freud y comienza su autoanálisis. Momento crucial y corte, cuya consecuencia será que el orden de lo neurológico y su aparato queden relegados.

La “pérdida” de esta máquina material, promueve el desarrollo de las investigaciones freudianas, en un ámbito que trasciende lo concreto. Aquí nace lo psíquico que reviste y envuelve los circuitos neuronales, pero que al mismo tiempo, es sostenido por ellos. Mundo “virtual” que se origina y complejiza, en la medida en que las redes neuronales trabajen sin hacerse oír. El silencio de la máquina garantiza la vida fantasmática, el sueño, el recuerdo, la metáfora y un cuerpo, que ya no es organismo sino símbolo. Se constituye lo erógeno, como un mapa, que hace perder el territorio material de lo biológico.

Tanto en relación a la construcción de la teoría psicoanalítica, como a la progresiva edificación del aparato psíquico una necesariedad se impone: el pasaje del orden de lo biológico al de la subjetividad.

La cantidad se reduce, en la medida que avanza la teorización. Alejamiento progresivo de un cuerpo en su realidad material, que da lugar al orden virtual del deseo. En este último, la puesta en juego de circuito representacional, constituye la tramitación imaginaria de procesos cuantitativos. La neurosis escenifica el recubrimiento de lo biológico; el síntoma muestra la transmudación cualitativa.

En ese aparato neuronal que debió “perderse” para que nazca el psicoanálisis, Freud plantea dos ideas rectoras:
1) Concebir lo que diferencia la actividad del reposo como una Q (cantidad), sometida a la ley general del movimiento, y
2) Suponer como partículas materiales las neuronas (1).

La cantidad recorre la neurona y pasa de una a otra. El circuito de transmisión energética tiene un objetivo. Este remite al permanente intento del sistema neuronal de desprenderse de la excitación que ha ingresado a través del estímulo. He aquí el postulado que sirve de base a sus desarrollos: el principio de inercia. Este principio enuncia que las neuronas procuran aliviarse de la cantidad. Movimiento de descarga que constituye la función primaria de los sistemas de neuronas.

Pero este principio es quebrantado por los estímulos endógenos que, al igual que los exógenos, deben ser descargados. Por las grandes necesidades internas, el sistema se ve forzado a resignar la tendencia original al nivel cero.

El hambre, la sexualidad, solo cesan a partir de una “acción específica”. En este caso la descarga abrupta sería inútil. Por lo tanto, el aparato necesitará otros recursos para cancelar el apremio de la vida y para defenderse de cualquier acrecentamiento de cantidad. Función secundaria del sistema que requiere un acopio energético para permitir la “acción”.

El principio de inercia se expresa como una corriente continua de excitación que circula a través de las neuronas y busca la descarga. La función secundaria, demanda almacenamiento de cantidad. Esta última se logra a partir de la existencia de resistencias que se oponen a la expulsión energética y que se ubican en los contactos neuronales. Freud les atribuye el valor de barreras. Ubicadas en el espacio interneuronal, se consitituyen en obstáculo a la transmisión de energía. “Este obstáculo implica que un cierto monto energético no puede transferirse a la neurona siguiente y queda como reserva” (3). Las funciones primaria y secundaria determinan una diferenciación dentro del protoplasma, que da lugar a la clasificación neuronal.

Freud distingue aquellas neuronas que se mantienen inalterables frente a las excitación y, por lo tanto, están siempre frescas para recibir nuevos estímulos, de aquellas otras que son influídas duraderamente por la cantidad. Las primeras, llamadas pasaderas (Δ), dejan pasar la excitación. No poseen barreras de contacto, no operan resistencia, no retienen nada. Las segundas no-pasaderas (y) poseen barreras de contacto y esto establece que la cantidad sólo con dificultad o parcialmente pueda pasar por ellas. Aquejadas de resistencia y retenedoras de cantidad, portan la memoria y los procesos psíquicos en general. Tras cada excitación se modifican respecto a su estado anterior al pasaje.

La descripción precedente es una apretada síntesis que intenta dar cuenta de los elementos centrales del trabajo sobre neurología, desarrollado por Freud. Finalmente él mismo archiva el Proyecto, en el afán de dejar de lado el orden de materialidad que el escrito porta. De hecho lo trasciende, dedicándose a la observación e investigación del orden virtual de la vida psíquica.
Sin embargo, el Proyecto constituye una sólida infraestructura sobre la que se apoyará más adelante, el edificio metapsicológico.

El aparato neuronal es abandonado por Freud, pero la “caja negra” neurobiológica siguió sus derroteros a lo largo del siglo XX. Logró poner en juego desarrollos más y más sofisticados respecto de las neuronas y los procesos de transmisión entre ellas.
¿Qué conocimientos existen hoy, respecto de los dos principios rectores (neuronas y cantidad) del Proyecto?.


NEURONAS Y NEUROTRANSMISIÓN

En 1906 Camillo Golgi y Ramón Cajal comprueban que cada neurona mantiene una individualidad. Pueden recibir y procesar la información, conectarse con otras y emitir una respuesta de manera única, contradictoria, transitoria o permanente.

Cada neurona posee: un polo de recepción informático (dendrita); una maquinaria de procesamiento (cuerpo neuronal y núcleo); una autopista para la conducción de la respuesta elegida (axón) y un polo de expulsión (botón terminal).

Sherrington acuñó el término sinapsis (del griego , unión) para designar el lugar donde se interconectan las neuronas.

En el espacio intersináptico, el desplazamiento del impulso se hace por medio de transmisores. El axón de la neurona presináptica se contacta (a través de mediadores químicos, gaseosos o eléctricos) con una prolongación o dendrita de otra neurona (post-sináptica), que es la que recibe esa información (Cuadro 1).

Cuadro 1: Botón sináptico



Cada neurona propaga su información por medio de un potencial de acción (señal eléctrica). Este se transmite dentro de la célula, desde sus dendritas (arborizaciones del soma), por cambios iónicos de la membrana celular al soma, y desde allí hasta el axón (vesículas sinápticas). Para continuar esta propagación del impulso, la neurona transforma el impulso eléctrico en uno químico, liberando al espacio intersináptico los neurotransmisores alojados en las vesículas. Esta información es “captada” por sitios específicos de la membrana celular (receptores) de la neurona post- sináptica, que provocan la despolarización eléctrica de la neurona, para poder transmitir el impulso nuevamente a otra célula. Dado que la amplitud del impulso es la misma, a mayor cantidad de impulsos, habrá mayor liberación de moléculas de las sustancias llamadas neurotransmisores.

Los neurotransmisores (ligandos) actúan sólo en las sinapsis: las células inductoras que los secretan se hallan en contacto directo con las células inducidas o blanco que los reciben. Se clasifican de acuerdo a su origen y tipo de acción.

Los neurotransmisores se caracterizan por estar presentes en el sistema nervioso central y por tener mecanismos propios de síntesis, almacenamiento, degradación, recaptación e inactivación. Los más conocidos son:

a) catecolaminas (adrenalina, noradrenalina y dopamina). Las dos primeras son de fundamental importancia en las reacciones de alarma, adaptación e inhibición. La dopamina estaría relacionada con la aptitud, la agitación y el aprendizaje. La alteración de su síntesis o de su degradación ha sido vinculada a los desórdenes afectivos y a la esquizofrenia.

b) La serotonina es un modulador del sueño, de la actividad sexual, de la conducta agresiva, del dolor, de la saciedad alimentaria y de funciones neuroendócrinas. Su disminución se la relaciona con la depresión y las conductas suicidas.

c) El ácido gamma-aminobutírico (GABA): posee una acción anticonvulsivante y miorrelajante. La misma se debe a un aumento de la inhibición que provoca este neurotransmisor sobre otras células neuronales. Impide el incremento de la excitación neuronal.

d) Los aminoácidos excitatorios (glutamato y aspartato). Están involucrados en la memoria, la isquemia y las crisis de epilepsia.

e) La acetilcolina: se la considera un mediador en los procesos de tono muscular, coordinación, sueño, ensoñaciones, memoria y aprendizaje.

La transmisión química genera potencial sináptico excitatorio (se despolariza y se hace más excitable) o inhibitorio (se hiperpolariza y se torna menos excitable).

Se calcula que existen cien billones de células nerviosas. Cada célula se contacta través de más de 5000 sinapsis, recibiendo cada neurona información aproximadamente de otras 1000 neuronas. De acuerdo a este cálculo existirían 100 trillones de sinapsis cerebrales.

Las descargas de cantidad se realizan a través de los neurotransmisores en incrementos fijos de potencial (quantum). El quantum está almacenado en la moléculas, que existen dentro de las vesículas presinápticas. Las neuronas y sus sinapsis son sumamente sensibles a la falta de glucosa y de oxígeno, así como a cualquier sustancia tóxica.

Se pudo demostrar que el estrés puede producir cambios permanentes que induzcan modificaciones en los sistemas noradrenérgicos, dopaminérgicos, acetilcolinérgicos, glutamatérgicos, así como también en la hormona de crecimiento, el calcio, los inmunoneuropéptidos y los glucocorticoides. Este mecanismo puede degenerar el proceso normal de una célula y afectar su tipificación y/o función.(4)

FREUD Y LA NEUROBIOLOGÍA


“El psicoanálisis es a la psiquiatría, lo que la histología a la anatomía:
ésta estudia las formas exteriores de los órganos; aquélla, su constitución a partir de los tejidos y las células. Es inconcebible una contradicción entre estas dos modalidades de estudio, una de las cuales continúa a la otra. Son entonces los psiquiatras los que se resisten al psicoanáli-
sis, no la psiquiatría. (5)

Muchos de los conceptos desarrollados por Freud en el Proyecto, pueden ser actualmente confirmados por las neurociencias. La idea freudiana de unidad celular (neurona), en comunicación con otras, a través de un impulso, constituye hoy la base del concepto de neurotransmisión.

En el Proyecto se describe la función primaria del sistema neuronal (descarga a cero) como incompatible con la satisfacción de las necesidades vitales.

Éstas pueden cumplirse a través de la función secundaria, que requiere un acopio energético, para permitir la realización de la “acción específica”.

Esta acumulación cuantitativa se logra, en virtud de las barreras ubicadas en el espacio interneuronal. Las mismas se constituyen en obstáculo a las transmisión energética.

Desde la neurobiología, el incremento o decremento de la “permeabilidad” neuronal depende del aumento o disminución de la recaptación de los neurotransmisión, realizada por la neurona presináptica.

La permeabilidad neuronal dependería, entonces, de la regulación cuantitativa descendente (down regulation) o de la ascendente (up regulation) de las vías de neurotransmisión.

Son variados los sistemas de “pantallas protectoras” que utiliza el sistema nervioso, para protegerse de las sobrecargas de los estímulos generados desde el exterior a la neurona (ya sea provenientes del medio exterior o del interior al organismo): membrana citoplasmática; proteína G; receptores intracelulares; neuromoduladores; canales iónicos de sodio, potasio, calcio, etc.
La neurona tiene un potencial de reposo de alrededor de –70 mv. Este pequeño potencial es permanente y nunca se llega al cero.

La transmisión energética de la máquina neuronal es descripta actualmente a través del concepto de descargas cuantitativas realizadas mediante los neurotransmisores.

Freud intentó explicar las diferencias de circulación energética en relación a la clasificación neuronal (Ø, y). Ésta quedaba determinada por una función particular y no por una estructura específica de la neurona. Desde la neurobiología molecular, si bien existe una tipificación neuronal, la misma no está relacionada con el carácter pasadero e impasadero de la neurona.

La clasificación freudiana puede interpretarse hoy, en relación a la cualidad y velocidad de la neurotransmisión. Son los neurotransmisores (primeros mensajeros) los que facilitan o impiden la posibilidad de cambios internos determinando las modificaciones neuronales, que se producen como efecto del pasaje de ciertas sustancias químicas.

Para mantener las modificaciones de forma permanente a través del tiempo, es necesario que la información de esos primeros mensajeros se transmita a estructuras básicas (ARN mensajero). De esta manera el mensaje original puede fijarse en el núcleo, donde codifica al ADN genético, y quedar en la memoria celular, para poder reproducir ese esquema primario.

La moderna neruobiología interpreta este proceso en lo que denomina neuroplasticidad. Es la capacidad de la neurona de inducir cambios internos, que la llevarían a un proceso de neuroadaptación y neuromodulación, a través del cual, podría cambiar o reaprender el tipo de respuesta que brindaría al medio.

Para poder efectuar estos cambios (“alteración neuronal”) es necesario que exista una energía capaz de llevarlos a cabo, disponible de forma constante en el sistema nervioso central.

Para Freud, en la época que redactó el Proyecto, la energía era metabólica u hormonal. Ella podía actuar a través de sustancias químicas, sin intervención de las estructuras centrales.

Hoy se conoce, que aún las hormonas sexuales son excretadas por sus órganos periféricos estimulados a través de “hormonas liberadoras”, que por vía sanguínea les llegan desde estructuras cerebrales centrales.

Estas estructuras hipotálamo- hipofisarias, están intimamente ligadas al sistema límbico (centro emocional por excelencia) y éste, a su vez, está interconectado con la corteza frontal cerebral.

Los fisiólogos Bernard (1878) y Cannon (1929), establecieron el principio de “constancia biológica” (homeostasis). El organismo humano debía contar con centros especializados para que las percepciones, ya sean del interior o del exterior al organismo, no alterasen la estructura del soma.

En 1937, Papez describió el sistema límbico (del latín, limbus, borde), ubicado alrededor de la corteza cerebral. A estas vías cortico-límbicas interconectadas, que trabajan de manera conjunta, se las ha responsabilizado de ser una red neuronal de las experiencias emocionales (Cuadro 2).

Cuadro 2: Sistema límbico



Sobre la base de estudios realizados en accidentes y traumatismos cerebrovasculares, se postula que los cerebros serían dos, pero intimamente conectados. El derecho sería dominante para el procesamiento de las emociones y percepciones (ver más adelante el concepto de conciencia originaria), y el izquierdo para el uso de la razón y la lingüística.

Se ha comprobado que las primitivas estructuras límbicas son imprescindibles para la constitución de la memoria.


Freud integró los mecanismos de emocionabilidad y memoria. Esta última se constituye como efecto de la modificación (alteración neuronal) que produce el pasaje de energía a través de las neuronas y.

El sistema impasadero tiene particulares recursos para evitar el incremento de excitación. Por un lado, retiene energía que es necesaria para realizar la “acción específica”. Por otro, logra la disminución cuantitativa a través de la complicación. Es decir, inviste en y a varias neuronas, en vez de transmitirla a una sola, con lo cual logra que la excitación se distribuya por mayor cantidad de canales, rebajando su volumen.

Por lo tanto, la alteración neuronal (memoria), frena la circulación cuantitativa a través de la complejización. Empujado por el apremio de la vida, se hace necesaria la multiplicación de neuronas impasaderas.

La clasificación neuronal ya mencionada, está determinada también por otro factor y éste corresponde a las cantidades con las cuales, cada uno de estos sistemas debe enfrentarse.
Las neuronas pasaderas (Δ) sólo de entraman con la periferia externa, donde las cantidades son más elevadas. Tienen, por lo tanto, la tarea de descargar lo más rapidamente posible esa excitación. Pero en este sistema, la tendencia a mantener la cantidad en cero, actúa ya a nivel de la recepción del estímulo. Freud describe “aparatos nerviosos terminales”, que tienen como función la de poner un dique a los estímulos externos. De esta manera, se reduce la cantidad que llega a Δ.


El sistema impasadero (y) recibe cantidades de las neuronas Δ, por un lado, y por el otro, de los elementos celulares situados en el interior del cuerpo. Freud resalta que estas últimas son de un orden de magnitud inferior. Por lo tanto, parecería innecesario a este nivel, una pantalla que opere como freno para las cantidades.

La clínica demostrará que la ausencia de protección para los estímulos endógenos, provocará consecuencias nefastas a nivel de la constitución del aparato psíquico.

Freud ubica al dolor como efecto del fracaso de estos dispositivos protectores. El dolor implica la irrupción de grande cantidades hacia y. Estas neuronas se transforman en pasaderas, como consecuencia del importante incremento excitatorio.

Estas diferentes formas de transmisión cuantitativa, pueden interpretarse en la actualidad, como fenómenos funcionales neuroquímicos.

LA TRANSFORMACIÓN DE LA CANTIDAD EN CUALIDAD.

Los estímulos pulsionales plantean al sistema nervioso, exigencias mucho más elevadas que los estímulos externos. Lo obligan a actividades complejas y por ello se constituyen en “los genuinos motores de los progresos que han elevado al sistema nervioso (cuya productividad es infinita), a su actual nivel de desarrollo”(6).

La fuente de la pulsión, constituye uno de los elementos que la caracteriza. Freud la define como … “aquel proceso somático, interior a un órgano o a una parte del cuerpo, cuyo estímulo es representado en la vida anímica por la pulsión. No se sabe si este proceso es por regla general de naturaleza química…El estudio de las fuentes pulsionales ya no compete a la psicología; aunque para la pulsión, lo absolutamente decisivo es su origen en la fuente somática, dentro de la vida anímica no nos es conocida de otro modo que por sus metas”(6).

“La pulsión nos aparece como un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático”…Esta última vertiente es sólo materia prima (por cierto indispensable), que deberá atravesar las vicisitudes de una transformación, cristalizada en una doble delegación. Por un lado, el circuito somático, que encuentra en lo pulsional, un orden de modificación cualitativa. A su vez lo pulsional, se inscribe en su doble vertiente: afectiva-sensorial (conciencia originaria) y representacional (huellas que funcionan de acuerdo al proceso primario:condensación y desplazamiento).

El tránsito de lo neuronal-químico a lo pulsional, marca el sendero hacia la constitución de la subjetividad.

Freud introduce un postulado: la existencia de la conciencia originaria.

Maldavsky, siguiendo a Freud, rescata y ubica este concepto, distinguiéndolo del de conciencia psíquica. Dice:… “Para Freud existen dos tipos de conciencia. La primera es practicamente un derivado de la percepción, un efecto de la organización del sistema nervioso. La segunda surge como consecuencia de la activación de ciertas huellas mnémicas o del esfuerzo por expresar un pensamiento” (3).

Mientras la conciencia sensorial es originaria, la psíquica se desarrolla con posterioridad.
Esta conciencia originaria nos da lo que se llama cualidades, “sensaciones que son algo otro, dentro de una gran diversidad”. Adscripto a un tercer tipo de neuronas, omega (w), sus estados de excitación, dan por resultado el primer orden de cualificación. Adscribe a la conciencia dos tipos de contenido: el primero corresponde a los afectos y el segundo, a las series de cualidades sensibles (percepción). Por lo tanto, para la conciencia primaria existen dos exteriores:los procesos somáticos y el mundo exterior al cuerpo.

El nacimiento de los afectos, como primer contenido de la conciencia originaria, implica una salida del principio de inercia. Según Maldavsky … “el afecto se convierte en representante psíquico de la pulsión, no el único, pero sí el primordial, el inicial”…(7).

… “Sólo si del ensamble entre lo pulsional y lo neuronal surge la conciencia (como lugar en el que se captan cualidades) nos hallamos ante el conjunto que corresponde al desarrollo subjetivo, porque sin esta conciencia originaria, no se desarrolla ni la vida afectiva ni la representacional”…(8).

La transformación del orden cuantitativo en cualitativo, es decir, el pasaje de neuronas y cantidades al plano de los afectos, es la consecuencia de varios procesos. Entre ellos el que se destaca y adquiere una capital importancia, es el contexto y el vínculo primario madre-hijo. Matriz primordial de la constitución del sentimiento de sí, que es consecuencia del nacimiento del afecto.
La presencia de un interlocutor empático, que pueda recibir las proyecciones cuantitativas del bebé, darles un soporte cualitativo y esté en condiciones de hacer una devolución invertida de las mismas, se torna indispensable para la creación de la convicción respecto de la propia existencia.
Una disminución del orden cuantitativo, también es necesaria para la constitución de la serie de las cualidades sensibles (percepción, segundo contenido de conciencia). Esta disminución no se produce por descarga sino por complejización. El aparato intenta un dominio sobre lo traumático (es decir, sobre los incrementos excitatorios), a través de ligaduras. Estas son las que inhiben la descarga a cero.

Con relación a la neurotransmisión siempre existe un pequeño potencial bioeléctrico permanente de pasaje. Es decir, en la medida que el sistema se constituye se genera una regulación, que frena el vaciamiento energético del aparato. Se manifiesta, entonces, un proceso de neutralización permanente del principio de inercia, a través de los “adecuado aportes libidinales maternos”.

Esta adecuación implica un ritmo: el de una presencia materna, que ofrezca aquello necesario, en el momento del incremento de la tensión y, una ausencia posterior, una vez lograda la cancelación del estímulo.

Esta dinámica podrá cristalizarse, si quien ejerce la función materna tiene sus propios criterios cualificados, en “la medida de lo posible”.

Lo cuantitativo es motor a lo largo de la vida: la transformación en cualitativo se constituye en un esfuerzo de trabajo para el aparato psíquico. Esta continua exigencia, lleva a un proceso permanente de cualificación intrapsíquica.

La necesariedad de ligaduras psíquicas, se asemeja a la necesidad del aparato neuronal de crear continuamente nuevas intersinapsis, que permitan una mayor comunicación.

Esta matriz de redes neuronales es “guiada” por la codificación de proteínas específicas que permiten la maduración celular. Las redes son las encargadas, a través de los neurotransmisores excitatorios o inhibitorios, de canalizar el flujo de información. Este flujo cuantitativo permite una “cualificación virtual”, sostenida por la red interneuronal. Cuanto más entramada sea la red, mayores serán las posibilidades de ligar nuevos estímulos, tanto en el orden de lo endógeno como de lo exógeno. El molde inicial cualificatorio es determinante para el futuro proceso.

La neuronas y son retenedoras de cantidad y alterables por el decurso de la excitación. Esta alteración constituye la memoria, que implica inscripciones en el inconsciente, que hacen tope a la circulación cuantitativa.

En 1896, Freud transita el camino desde el concepto de neurona al de representación. El modelo neurobiológico se transforma en psicológico.

En la carta 52 (9) describe los distintos niveles de inscripción psíquica: P (percepciones); Ps (signos de percepción); Ic (signos inconscientes) y Prc (preconciencia). El signo inconsciente (Ic) es una estructura con cierta estabilidad (10), que se constituye como consecuencia de la ligadura de signos de percepción. Estos últimos son imágenes provenientes de distintos canales perceptivos: cenestésicos, visuales, olfatorios y auditivos. La ligadura está a cargo de la libido.

Sobre la compleja red representacional que se forma, operan los mecanismos de condensación y desplazamiento (proceso primario). Si bien se pone en juego una energía libre, se trata de una energía no caótica, que ya no opera de acuerdo al principio de inercia.

La cantidad circulante ha encontrado una nueva cualificación, a partir de la representación que opera como límite. Los remanentes excitatorios, no cualificados, serán el motor para sucesivas y futuras complejizaciones.

Para Freud la localidad psíquica implica espacios virtuales, en los que no se sitúa ningún componente material del aparato. Las diferentes redes neuronales sostienen el despliegue de hologramas no aprehensibles y superpuestos.

Desde el nacimiento, la vida es trauma. Desde su primer asomo al mundo, el niño deberá hacer un trabajo de dominio permanente sobre las cantidades hipertróficas que lo asedian. Esta titánica tarea, deberá ser llevada a cabo por un ser que surge a su existencia con un orden de indefensión no comparable con ninguna especie.

Es a nivel de esta indefensión donde la función materna adquiere su auténtica dimensión. Ella es matriz de transformaciones, tanto en al ámbito biológico como psíquico. Desde la conciencia originaria, como núcleo de los afectos y de la sensorialidad, hasta llegar a los niveles más complejos de inscripción representacional, el contexto constituye el ingrediente esencial para la cualificación

CARACTERES DEL VÍNCULO PRIMARIO

La captación por parte del bebé, remite a la atmósfera afectiva que ofrece el contexto. Este se constituye como efecto de variados elementos. Entre ellos, la tramitación cualitativa de los procesos cuantitativos maternos, ocupa un lugar central.

“Spitz define las categorías que engloban a los signos y señales recibidos por el niño durante los primeros meses de vida: equilibrio, tensiones (musculares y de otra índole), posturas, temperatura, vibraciones, contactos, ritmos, gama tonal, etc.” “Spitz piensa también que la madre recupera, durante el embarazo y el período que le sigue (sin duda a raíz de la modificaciones hormonales, que demandan una redistribución de las catexias libidinales) una acuidad perceptual cenéstica que, por lo general, no tiene. De este modo, la mujer que amamanta a su bebé y que recobra una vivencia nueva a través de la lactancia, percibirá señales que se nos escapan”(11).

Estos autores señalan que las informaciones emitidas y recibidas en estos momentos tempranos de la vida, entre los miembros de la díada, están situadas en el plano neurofisiológico. El niño es receptor de aquellos aspectos vinculados a la regulación de los procesos de alteración interna de este otro primordial. Es en este nivel donde se produce la “transmisión neurofisiológica”.

Base biológica, que en el mejor de los casos, quedará como resto perdido en la organización materna. Remanente cuantitativo, que cae de lo económico y que en su dimensión e intensidad, determinará su poder en la transmisión diádica.

Si en la madre hay predominio de los mecanismos de alteración interna, el bebé se constituye en receptáculo de descargas absolutas o relativas, que pueden ubicarlo como continuador en sí mismo de los aspectos no tramitados, o como compensador en el otro de estos elementos faltantes. En ambos casos, las consecuencias en la estructuración del aparato psíquico del bebé serán nefastas.

Por el contrario, el proceso de complejización psíquica materna y su sostenimiento, funcionan como garantía de no toxicidad para el bebé.

La cualificación actúa sobre la regulación neuronal materna, reduciendo los procesos cuantitativos a su mínima expresión. Es entonces este equilibro el que el bebé capta y el que garantiza su propia cualificación.

Cuadro 3




“Una de las nociones básicas de nuestro trabajo es esta: el recién nacido no puede regular una parte de los múltiples estímulos que recibe, y su madre debe comportarse como regulador para que aquel alcance la homeostasis”. (11)

Desde la neurobiología los estímulos agudos, pero de corto plazo, tienden a producir modificaciones de carácter cuantitativo. Es decir, podrán aumentar o disminuir la densidad de los receptores y actuar sobre la memoria de corto plazo.

Los estímulos de largo plazo, tienden a producir cambios estructurales ya que modifican el código de transcripción genética.

La memoria, que está sostenida por las redes neuronales del neocórtex, necesita para consolidarse la intervención de las estructuras límbicas (sensorio-emocionales). Este efecto de consolidación se lleva a cabo en el tiempo, por medio de la información que el neocórtex toma de las vías córtico- límbicas.

Existen determinados mecanismos de neuroaprendizaje que pueden facilitar o perturbar la constitución de la función mnémica.

Uno de ellos es la potenciación de largo plazo (LTP) que es muy importante para la fijación de los engramas mnésicos.

Cuando este mecanismo no funciona ritmicamente sino en forma acelerada, produce un gran aumento de respuestas postsinápticas, luego de estimulaciones presinápticas continuas, sostenidas, breves y de altísima frecuencia. Si se produce una estimulación sostenida y breve, menor a un segundo, pero de frecuencia elevada, fracasa el almacenamiento mnémico.

Para representar este nivel de intensidad se la podría equiparar al funcionamiento de un motor de 6000 revoluciones por minuto, pero en el término de un segundo. Esta forma de “conservación” de la información a tan elevada presión, no puede mantenerse.

Desde la clasificación neuronal freudiana este proceso remite a la imposibilidad de constitución de neuronas impasaderas (y). En la medida en que todo el sistema se torna pasadero (Δ), el circuito representacional (memoria) no se estructura, y por lo tanto, no hay tope para la circulación cuantitativa. Sigue predominando el principio de inercia.

El kindling (traducido como encendido) es otro de los mecanismos conocidos de neuroaprendizaje, siendo otra forma de actividad córtico- límbica. Se la puede producir en animales de experimentación con reforzamientos eléctricos, continuos y subliminales, que no causan convulsiones, hasta que la permanente repetición de los mismos, provoca en el animal una descarga convulsiva. A partir de aquí, aquel estímulo subliminal que no desencadenaba la convulsión es suficiente para producirla.

A diferencia del LTP, el kindling se produce con períodos de reposo entre los estímulos y una vez que se ha establecido, tiende a permanecer. Se focaliza en las áreas límbicas y en particular en la amígdala.
El kindling puede desencadenarse por estímulos químicos (alcohol, anfetaminas) y psíquicos (caracteres del vínculo primario).

Como en la epilepsia, en que cada neurona que puede descargarse electricamente “recluta” a otras para que “aprendan” a descargarse de igual manera, en el kindling sucede un fenómeno similar: descargas emocionales mínimas de algunas neuronas, en un comienzo, son luego propagadas a otras áreas, para producir descargas de mayor masividad e intensidad.

A partir de los estudios realizados en relación al paciente psicosomático adulto, se llegó a una caracterización particular de su procesamiento psíquico. Más allá de las divergencias, en algunos casos importantes, entre autores, existe un denominador común: la seria dificultad y aún la imposibilidad en los trastornos tóxicos de tramitación simbólica.

Para el esquema freudiano esto significa: fallas a nivel de la constitución de la conciencia originaria (en relación a las neoformaciones que son los afectos (7), como primera cualidad) y consecuentemente el fracaso en la instauración de los sistemas representacionales inconscientes.

“El paciente psicosomático adulto es, en cuanto al manejo del simbolismo inconsciente, un inválido, porque sus medios de integración son deficientes… El bebé cuyo psiquismo es embrionario, sería automaticamente un enfermo psicosomático, dada su incapacidad evidente de integrar en un nivel psicológico los estados de tensión a los que está sometido”…(11)

La madre ocupa aquí el lugar de pantalla protectora y, al mismo tiempo, es quien “presta” su aparato psíquico para la tramitación de las excitaciones.

Este “préstamo” pondrá en juego la particular estructuración subjetiva que la madre porta, creando efectos tanto en la posibilidad cualificatoria de su hijo, como en la única e irrepetible configuración que adquieran los procesos que se cualifiquen.

La función materna cualificante trabaja a través del aporte de diferencias con afinidad para poder neutralizar a la pulsión de muerte. Al mismo tiempo deberá desplegar una posición apaciguante para propiciar la tramitación.

Este delicado equilibrio se rompe con facilidad, cuando se erige un intenso incremento estimulatorio imposible de procesar. Cuando esta diferencia es absoluta , no respeta los ritmos biológicos del bebé y funciona como excitación arrasadora que rompe o imposibilita la constitución de la barrera antiestímulo.
Por el contrario, si la madre, como mediatizadora de excitaciones externas, se ubica como estímulo indiferente, facilita la aparición de los contenidos cualitativos de su hijo.

Pero el circuito de estimulación externa, se constituye, tan sólo como ejemplo y efecto de otro más profundo, que tiene sus raíces en la subjetividad materna.

La acción específica se instala sobre el mecanismo de alteración interna (acciones autónomas) y lo modifica. Se produce una transformación del principio de inercia al de constancia. Este último operará, incluso, sobre aquellos mecanismos que tienen autorregulación biológica a lo largo de toda la vida (actividad respiratoria, cardíaca, hormonal, etc.).

Desde el origen , la estructuración psíquica materna, operará “intentando” evitar el retorno a cero. Este “intento” tiene su raíz en la propia estructura somática y psíquica de la madre.

Es a nivel neurofisiológico donde se produce la comunicación en la díada. La placenta se constituye en un primer doble, que es más económico que representacional (12), ya que nos encontramos en los primeros momentos de la vida, cuando la futura estructura psíquica se plantea sólo como esquema lógico potencial. Con este doble se materializa una fusión de tipo físico y químico. Este doble se caracteriza por sus funciones “protectoras, tróficas y desintoxicantes”(12). Para que esta fusión química se constituya en anclaje adecuado de la futura organización afectiva y representacional, deberá hacer que lo tóxico se transforme en trófico.(12)

La madre, ubicada en el lugar de quien aporta estímulos adecuados, de quien inviste libidinalmente los procesos neuronales, acorde al ritmo de su bebé, genera diferencias capaces de ser tramitadas. Esta regulación, produce una neurontransmisión química modulada y acorde a fines, que propicia el engendramiento pulsional.

Por el contrario, si esta situación se invierte, es el hijo quien queda ubicado en el lugar donde la madre drena lo tóxico. En tal caso, se hace imposible la captación con conciencia de los propios estados y la percepción del bebé se ubica sólo a nivel de los ritmos intracorporales ajenos.

Esta toxicidad produce fallas a nivel de la neurotransmisión, tratornos en el sistema nervioso autónomo, en el eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal, etc. La llamada “ventana neuroendócrina del cerebro”, se basa en la confirmación de que la secreción de hormonas por las glándulas periféricas, es controlada por las hormonas tróficas de la hipófisis, y a su vez éstas son estimuladas o inhibidas por la secreción de hormonas liberadoras o inhibidoras producidas en el hipotálamo. Estos factores de liberación o inhibición son regulados por neurotransmisores.

El exceso de estímulos sin afinidad, o por el contrario la ausencia de diferencias, generan un mecanismo de perpetuación tóxico- químico, que imposibilita o dificulta la paulatina complejización psíquica.
Sin llegar al extremo de que este proceso se torne absolutamente hegemónico como ocurre en los tratornos tóxicos (adicciones, afecciones psicosomáticas, epilepsias), existen determinadas patologías, en las cuales el núcleo tóxico permanece como telón de fondo aunque las mismas hubieran logrado ciertos niveles de cualificación.

Estas últimas se caracterizan por diferentes grados y tipos de toxicidad, a nivel del aparato neuronal. Contienen fallas relativas en la constitución de los órdenes cualificatorios, y ellas obligan al sistema a permanecer en circuitos donde predominan neuronas y cantidades.

En estos casos, la transmisión neuronal no se halla regulada (o lo está muy precariamente) por el procesamiento psíquico, y por lo tanto se ponen en juego conducciones nerviosas inhibitorias o excitatorias. Sobre ellas, el lábil aparato, intentará desarrollar niveles de tramitación como le sea posible.
No se trata aquí de una descarga corporal directa, como ocurriría con cualquier patología orgánica, sino de un orden de exceso o de carencia a nivel del aparato neuronal. En estos casos, las transmisiones químicas se encuentran alteradas, en la medida en que no reciben modulación psíquica.

En el otro extremo, la neurosis hace gala de su predominio cualitativo, calla al cuerpo en su realidad material y biológica, manteniendo en silencio el proceso de neurotransmisión.

En función de lo descripto: ¿hasta dónde puede considerarse a la subjetividad materna o a su falla, factor coadyuvante en relación a los estímulos de largo plazo, capaces de producir cambios en la neurotransmisión o incluso modificaciones a nivel estructural?.

¿Podría evaluarse a los caracteres de la relación temprana madre-hijo, como determinantes en la estructuración de las funciones pasaderas e impasaderas de las neuronas?.

Quizás podamos acercarnos a una respuesta, a partir del concepto de series complementarias freudianas.

La disposición innata constituye uno de los elementos de la ecuación etiológica de la neurosis. Fue unicamente en este factor donde la biología se ancló, durante mucho tiempo para explicar las enfermedades psiquiátricas.

Actualmente se sabe que la neurotransmisión sináptica influye sobre los genes. A su vez, los genes (a través del ADN) pueden cambiar las señales de comunicación, o el ritmo de las mismas (excitación o depresión neuronal), al poder influir sobre el funcionamiento de los neurotransmisores.

Los genes son influenciables por el medio. Una parte de su molécula está destinada a codificar determinadas proteínas. Ellas serán las encargadas de producir el adecuado funcionamiento de los circuitos cerebrales, que son el sustrato de los procesamientos psíquicos.

La neurobilogía molecular incluye determinadas situaciones vitales, a las que llama factores estresores, como determinantes de efectos biológicos, tan importantes como los que puede producir un gen anormal.

En presencia de este último pueden ocurrir dos alternativas:

1) que determinadas personalidades funcionen como filtro de estos factores estresantes, pudiendo mitigar y desafiar al código genético.

2) Otras, que operando como una lupa, aceleren o acrecienten los daños potenciales de los eventos vitales, los que actuarán sobre el gen, aumentando su capacidad para contraer la enfermedad.
Por lo tanto, también para la neurobiología existe una determinada ecuación etiológica: la modulación del sistema neuroquímico es efecto de la complementariedad entre factores innatos (herencia) y vivencias infantiles.

Se cumple aquí, tal como Freud lo desarrolló en su concepto de series complementarias, y los modelos de la moderna neurobiología lo confirman, un ordenamiento en una serie, dentro de la cual estos dos factores se presentan de tal modo, que uno aumenta cuando el otro disminuye.

Los factores estresores ( que se vinculan a los caracteres del vínculo primario), ocupan un lugar de privilegio respecto de la influencia que ejercen sobre el factor constitucional.

La placenta, como primer doble, remite a la regulación y transmisión química en la díada madre-hijo. Esta comunicación biológica se hace a través de la síntesis y metabolización de los neurotransmisores. Si aquí se presentan alteraciones, ellas son efecto de fallas en la organización rítmica de la transmisión química cerebral en esta díada.

Estas fallas primordiales constituídas como núcleo tóxico, harán su aparición en diferentes manifestaciones clínicas. Desde descargas netamente corporales, hasta la franja constituída por los trastornos narcisistas.

La adecuada modulación en el sistema neuroquímico, es base y soporte de los procesos que permitirán que las leyes que determinan la estructuración de los diferentes niveles de organización psíquica, puedan cumplirse.

Si en la función materna se presentan dificultades para procesar sus propios estímulos endógenos, el efecto de esta situación será un estado de extrema excitabilidad química y psíquica. Este incremento estimulante desencadenará en el bebé una hiperexcitación, una alteración neuroquímica particular (núcleo tóxico específico).

La excitotoxicidad neuronal es el efecto de una elevadísima estimulación, que puede llevar a la muerte neuronal. La exagerada presencia de ciertos iones y aminoácidos (ácido glutámico y calcio), determinan que estas neuronas sean “excitadas para morir”.

En el otro extremo, la ausencia de estímulos (madre psíquicamente muerta), promueve un núcleo tóxico vinculado a la inercia. Una neurona puede morir por falta de estímulos, ya que no están presentes las sustancias promotoras de su crecimiento (factor de crecimiento neuronal).

La falla genética, sumada a la patología a nivel del doble placentario, es un obstáculo para la creación de un sistema químico compatible con el proceso de subjetivación.

Esta ecuación etiológica determina la necesariedad de un abordaje interdisciplinario. El mismo es efecto de la articulación de los desarrollos freudianos y de los conceptos actuales de la neurobiología.

Desde esta perspectiva, la fundamentación teórica y el abordaje clínico, se ubican por fuera del antiguo circuito de controversias entre psiquiatría y psicoanálisis.

¿Cómo abordar aquellos casos en que los trastornos y fallas de las regulaciones neuroquímicas han impedido que exista un suelo fértil, sobre el que se puedan sembrar las semillas de la subjetividad?.

El objetivo del tratamiento psicofarmacológico es la regulación de los ritmos neuroquímicos, prospiciando que el núcleo tóxico pueda ser reducido a su mínima expresión. De esta manera, se crea un espacio facilitador para la conquista de las dimensiones afectivas, sensoriales y representacionales, en el curso del proceso psicoterapéutico.

La aspiración de este último se desliza por el esquema del deseo (neurosis). Lamentablemente, la experiencia cotidiana muestra, que no todos los que sufren se ubican dentro del mismo.

Las psicopatologías que caen fuera de este circuito, promueven interrogantes sobre las vicisitudes particulares que, en cada caso, produjeron trastornos que impidieron, que el deseo se constituyera como causa y como anhelo.


BIBILIOGRAFÍA

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